Por las fachadas de
muchas ciudades, entre ellas la mía, podemos ver carteles
reivindicativos con la frase “Piedra gana a tijeras: no a los
recortes”, incitando a la huelga y la protesta. Si leemos ,
escuchamos o vemos determinados medios de comunicación, dónde se
enfatiza la violencia en algunas protestas, entendemos que la
solución no es destruír el sistema a pedradas. Por supuesto, los
disturbios cargados de violencia no son la tónica general de las
reivindicaciones, constituídas en su mayoría por ciudadanos
pacíficos que defienden aquello en lo que creen y reclaman aquello
que se les ha quitado o se les va a quitar. Pero unas pocas manzanas
podridas pueden estropear el cesto, y sucede que los altercados
empañan la visión de una lucha justa, haciendo que pierda validez.
No podemos volver a la Edad de Piedra, porque no solo no está
funcionando, sino que da herramientas a la crítica y devalúa el
esfuerzo (a veces mal empleado). ¿Qué hacemos entonces?
Escapar en barcos y
aviones de papel parece ser una elección cada vez más popular, en
especial entre los jóvenes que no encuentran trabajo a pesar de su
preparación, y van en busca de un mercado dónde se les valore. Los
mapas (también de papel en su esencia, aunque más populares y
útiles vía electrónica, para qué nos vamos a engañar) tendrán
que empezar a pintar trocitos de España por todo el mundo. Nos
encontramos ante una nueva ola migratoria movida no solo por la
necesidad, sino también por el descontento. Cuando las cosas
mejoren, se habrá solucionado lo de la necesidad pero ¿qué hay del
desencanto que los españoles emigrantes se han llevado en sus
maletas (de mano, ya que toca viajar en vuelos de bajo coste con el
equipaje justo)?
¿Para qué más cosas se
puede utilizar el papel? ¿Para los libros escolares que también
sufren tijeretazos? Tenemos también el papel de las recetas, cada
vez menos y más caras, ya que la sanidad pública tampoco vive su
época dorada. (¿aceptamos el plástico de las tarjetas sanitarias?
Quizás eso nos equipararía a las de crédito y serían demasiados
significados para un solo gesto... Cosa muy habitual, por otra
parte). Los periódicos de papel siguen tristemente desapareciendo,
con lo que la comunicación de masas se ve afectada por esas tijeras.
Suerte que siempre quedan ediciones electrónicas, blogs y redes
sociales para que la información siga siendo poder, y el poder pueda
pertenecer a todos, gracias a ese “derecho a la información” que
un libro llamado Constitución Española ha prometido proteger.
Esperemos que la tempestad no moje esas hojas y borre esas promesas.
Confiemos en ello, confiemos en nosotros, en todos los que a diario,
desde aquí o desde fuera, intentan seguir con la lucha de la mejor
forma que pueden: buscando alternativas y sacando de dentro las ganas
de seguir adelante y las fuerzas para avanzar. Pronto surgirán
nuevas ideas, y lo importante de las ideas es lo que se haga con
ellas. Vencer solo es posible convenciendo. Y será si nosotros
mismos estamos convencidos de nuestra lucha por devolver a España a
su lugar y a los españoles su estado de bienestar, ese por el que
nuestros antepasados no tan lejanos lucharon dejándose la piel y, en
muchos casos, la vida. Este es nuestro momento, nuestras formas son
otras, pero nuestra idea es la misma: una realidad digna y justa. Tan
justa como las reivindicaciones que se hacen a través de todos los
canales que encontramos.
Recordemos que una piedra
tiene que caer de una manera muy concreta y precisa para romper unas
tijeras, pero en la era tecnológica, un “papel” puede ser
metafórico y, por tanto, más difícil de destruir. Cada cual que
luche con sus armas, pero quizás este no es el juego al que hay que
jugar. Nos toca descubrir la estrategia, pero no olvidemos que todos,
tanto políticos como ciudadanos ajenos a las instituciones, somos el
dado, las fichas y el tablero.
Hace unos días, el Gran Wyoming comentaba en el Intermedio qué pensarían los de Intereconomía si los recortes fuesen en libertad de expresión. Como firme defensora de esta libertad, sería la primera en acampar delante de dónde fuese y taparme con los periódicos más radicales de ambos lados.
Pero lo que no se debería permitir es traspasar ciertos límites de ética y moral y quedar impune. Porque sienta un precedente peligroso llamado “que hablen de mí aunque sea mal”. La libertad de uno acaba dónde empieza la libertad de otro y las palabras pueden ser la peor de las armas.
Lo que ha impulsado este post ha sido la última columna de Salvador Sostres, pero la inspiración viene de antes, de él, entre otros, y lo utilizaré como ejemplo principal por haber sido el último en pulsar demasiado rápido las teclas, pero como él hay más. Como digo, su último texto (insinuando que detrás de cada chica con piercings y tatuajes – de los chicos no habla, será que no llevan – hay un abandono paterno, entre otras cosas) es ofensivo pero es de lo más light que ha publicado, la verdad. Él tiene libertad de expresión absoluta y cobra por ello. Parece que cuánta más gente ofende, más incentivos recibe. No digo que sea así, ojo, digo que da esa sensación, por la satisfacción que parece producirle ser odiable cada vez que abre la boca o se pone delante del teclado.
Algunos tertulianos o escritores eligen a alguien (normalmente de las altas esferas de la política) y sus machaques (muchos injustificados, no exactamente por el contenido, sino por las formas) están dirigidos a esa persona o personas. Pero Sostres no. Él elige faltar al respeto a colectivos enteros, a todo un género, a un país que acaba de sufrir una catástrofe. ¿Qué pensarían los haitianos que han perdido todo al leer “es un drama, pero el mundo a veces hace limpieza”? ¿Diría lo mismo si hubiese pasado en su querida Cataluña? (lo diría en catalán, en cualquier caso, ya que “hablar en español es de pobres”, claro que dónde dije digo... porque ahora en El Mundo, Telemadrid, Intereconomía... bien que habla en ese idioma de la plebe y no parece estar empobreciéndose precisamente). ¿Cómo se supone que se tiene que sentir una víctima superviviente de la violencia doméstica – por no hablar de la familia de la chica del caso concreto – al ver cómo el columnista justifica el crimen?
Podía seguir poniendo más ejemplos pero son bastante desagradables y creo que todos conocemos bien las líneas por dónde van.
Miles de periodistas en paro, pero gente como Sostres cobra por escribir o decir cosas que no se llegan a soltar ni en discusiones de bar tras unas cuántas copas. ¿Qué podría pensar un extranjero que leyese o escuchase cosas como estas? O mejor aún ¿qué podemos pensar nosotros de nuestro país si nos creemos que Sostres (lo siento, la he tomado con él para poner los ejemplos en la misma línea, pero bien sabemos que no es el único) y otros como él son realmente “la voz del Pueblo” y que una mayoría piensa como ellos pero no tiene el valor de expresarlo?
¿Qué solución hay? ¿Censura? No, ni por asomo. Pensar antes de escribir. Pero pensar en los lectores, no en ser Trending Topic, no en lo que vas a cobrar, no en lo que se va a hablar de lo escrito, no en ser artífice de la polémica por deporte. Hablamos de que en los medios solo hay malas noticias. Algunos quieren ser ellos la noticia. Pues marcad la diferencia siéndolo por algo positivo, que de negatividad tenemos excedentes. Gracias.
Para aprender a comunicar no debemos fijarnos solamente en los portavoces al uso y los debates, sino que podemos encontrar diferentes ejemplos (buenos y malos) en cosas más cotidianas a las que muchas veces no prestamos atención en términos de comunicación. Un foco paradójicamente desatendido es el mundo audiovisual de series y cine. Vemos series y películas para "desconectar" del mundo real y esto a veces hace que nos perdamos verdaderas lecciones de comunicación. Repasemos alguno de los tipos de comunicador que podemos encontrar en nuestras pantallas.
1. Jack Sparrow: La importancia de creer en nuestro mensaje
Loco, excéntrico, psicótico, pasional... Miles de adjetivos pueden describir al principal protagonista de Piratas del Caribe. Pero desde luego, si una definición se adapta a la perfección al personaje interpretado por Johnny Deep es "convencido de sus ideales, por absurdos que sean". Habitualmente vemos a distintos portavoces (políticos, económicos, sociales) leer sus mensajes o decirlos como si fuesen un papel aprendido. Si tú no estás convencido, no convencerás a nadie. El Capitán Sparrow acostumbra a exponer sus ideas como si fuesen una verdad universal y su confianza en el mensaje ayuda a llevar a los demás a su terreno, aunque sea una locura.
2. Barney Stinson: Storyteller
Casi cualquier supuesto que surja en Cómo conocí a vuestra madre tiene una norma en el "Código de colegas" creado por Barney Stinson. Y prácticamente todo se puede explicar con una historia, cuya moraleja suele ser inexistente o quedar difusa, ya que muchas veces el personaje de Neil Patrick Harris se pierde en su propia narración o es interrumpido por sus amigos. No obstante, en la versión original suele terminar sus relatos con la coletilla "true story", que justo a otras frases como "legen...dary" o "challenge accepted" han pasado al vocabulario colectivo. Enganchar con las historias e introducir lemas para el recuerdo... ¿No son estas dos de las principales claves en la elaboración de los discursos?
3. Carrie Bradshaw: La pregunta
La columnista interpretada por Sarah Jessica Parker en Sexo en Nueva York se distingue por sobreanalizar las cosas. Encontramos aquí un tipo diferente de storytelling, ya que nos presenta algo que le ha sucedido, se plantea una pregunta y el resto del capítulo centra la trama principal en darle respuesta. Si bien a veces satura al espectador con demasiados pensamientos por minuto para una sola cosa, con cuantiosos cambios de opinión incluídos, nos presenta la misma situación desde diferentes perspectivas (con los consejos de sus amigas y sus propias historias, por ejemplo) y el hecho de plantear una pregunta (más o menos retórica) al inicio de una intervención es una buena táctica para atraer al espectador.
4. Yoda: Impartiendo sabiduría
El maestro Jedi más famoso de la saga de Star Wars es la voz de la experiencia. Él mismo es un guardián y eso le ayuda a meditar todas las opciones posibles antes de tomar decisiones o aconsejar a alguien. Esto sienta las bases de un buen mensaje: quién lo vive lo sabe. Ponerse en la piel del otro es una labor que nos ayudará a comunicar mejor y esta empatía será percibida muy positivamente por el receptor, lo que supone un primer paso muy importante en cuestiones de persuasión.
5. Lisa Simpson: La niña que sabía demasiado
Solemos decir que la edad no es lo más importante a la hora de comunicar, pero sí tiene su peso. Lisa Simpson tiene ocho años y habla con un lenguaje que ni siquiera con cincuenta sería comprensible para el público (me refiero al público dentro de la historia, la mayoría los habitantes de Springfield y en especial su familia, no a los espectadores), por esto resulta impopular y cargante para la mayoría de personajes. Hablar a nuestro target como si estuviésemos por encima del bien y del mal es claramente negativo: por mucha inteligencia que demostremos, la condescendencia que transmitimos juega en nuestra contra sí o sí.
6. William Wallace: La lucha por un ideal
Mel Gibson interpreta al rebelde escocés que lideró la revuelta contra los ingleses. Sus dotes de persuasión se basan en una combinación de oratoria y acción. Su objetivo es movilizar a las masas y para ello debe dar ejemplo. Destaca el uso de "grandes palabras" como libertad, vivir u oportunidad, que son fundamentales a la hora de emocionar a un público que está pasando un mal momento. Wallace, al igual que Jack Sparrow pero de un modo muy diferente, estaba convencido de sus ideales y se mostró completamente dispuesto a defenderlos; es esa fuerza la que hace que movilice a sus compatriotas y hagan frente a las injusticias que contra ellos se cometían. En casos que requieren movilizaciones sociales, la pasión (real) debe de estar presente en el mensaje, tanto en su contenido como en su forma.
7. Jorge VI: Superando el miedo escénico
En este caso sí hablamos de un portavoz "real" (en los dos sentidos de la palabra). En El discurso del Rey Colin Firth interpreta a un heredero por sorpresa (tras el fallecimiento de su padre y la abdicación de su hermano) con problemas de dicción que no se atreve a hablar a sus súbditos, que le necesitan más que nunca (la película se sitúa en víseperas de la Segunda Guerra Mundial). Con la ayuda de un terapeuta y la utilización de métodos poco ortodoxos consigue enfrentarse a su miedo escénico y dar un discurso por radio ganándose la confianza de sus súbditos (espero no haber spoileado a nadie). La lección que aquí nos enseña Jorge VI es que un buen media training puede ayudarnos no solo a comenzar, sino también a mejorar las apitudes que ya se tienen (evidentemente en la película todo se reduce a un par de horas de metraje, unas semanas en tiempo de la historia, pero estas cosas llevan mucho más tiempo, el propio Rey habría continuado su entrenamiento, consiguió el primer paso, atreverse, pero el camino es largo).
(No consigo poner el vídeo directamente, problemas técnicos de esos que nunca faltan, aquí teneis el enlace)
7. Vito Corleone: La negociación
¿Cuánta seguridad en nuestro mensaje hace falta para decir "le haré una oferta que no podrá rechazar"? El Padrino es, pese a sus métodos, un ejemplo de negociación planificada. La seguridad, el tono inalterable, los silencios y el hieratismo de sus gestos dejan al receptor (y a los espectadores) desconcertados. No es buena idea aprender comunicación de la mafia, pero esa seguridad en el discurso es la lección que nos deja el personaje interpretado por Marlon Brando es un buen aliado en cuestiones de persuasión.
8, 9, 10, 11, 12 y 13. Friends: Identificación obligatoria
El estilo directo (aunque inocente en el fondo) de Joey, los titubeos de Ross, los estallidos emocionales de Rachel, los detalles estrafalarios de Phoebe, la firmeza de Mónica, los chistes de Chandler... Todos con sus errores y aciertos son modelos comunicativos con los que el público se siente identificado en mayor o menor medida. Hay algo de cada uno de los seis en nosotros. La serie que marcó una época no pasa de moda porque sus frases inolvidables (como el "¿cómo va eso?" de Joey) y sus situaciones verosímiles en muchos de los casos (que no en todos, no es que sea muy normal ser madre de alquiler de trillizos para tu hermanastro) hacen que el público se identifique y ¿acaso no es esta identificación un objetivo deseado en nuestros mensajes? Si nuestros espectadores se sienten parte de lo que dices, lo estás haciendo bien.
Trece ejemplos pero podrían ser muchos más. Cuando escuches "bazzinga", "Mariscos Recio, el mar al mejor precio" o "El Luisma es tonto ¿no? El Luisma se ha metido de todo y se ha quedado tonto" pregúntate qué diferencias en cuanto a impacto en el público hay con "Yes we can".
Realmente... ¿Alguien escoge su voto según quién gana el debate? ¿Cómo se sabe realmente quién ha ganado? Si tienes tu voto decidido ¿puedes decir que ha ganado el contrario?
El suelo electoral de un partido y los que tienen clara su elección tenderán a ver las virtudes de su candidato y los defectos del contrario. El cerebro tiene una percepción selectiva que en determinados casos “escoge” la información que le conviene para reforzar una decisión.
Eso no es malo, pero hay que contar con ello a la hora de preparar un debate.
Existen tres tipos de público: los votantes fijos del propio partido, los votantes fijos de partidos contrarios (no solo del adversario directo, sino también del resto de partidos; es un error no tener en cuenta que no todo el mundo limita su elección a dos partidos) y los “indecisos” (esta es una categoría muy amplia, ya que aquí se podrían distinguir otras categorías como el votante racional, que puede no tener su voto claro todavía, aunque lo normal es que este tipo de ciudadano base su voto en algo más que la campaña). Los no-votantes (por propia elección) podrían considerarse como votantes de partidos contrarios, como si votasen a un partido que todavía no existe, porque si son abstencionistas convencidos (o de voto en blanco o nulo) nos encontramos ante el mismo caso a efectos prácticos.
Entonces, ¿Cómo proceder en el debate? ¿Qué hay que hacer, teniendo en cuenta a estos públicos?
Votantes fijos: Aquí la tarea es reforzar actitudes y movilizarles, hacer que sientan los colores. Ellos ya nos van a votar, ven el debate buscando más argumentos que apoyen su decisión, esto es lo que debemos darles. Frases contundentes, búsqueda de la emoción, generar expectación y, si es posible, hacer que ellos lo transmitan también. Una de las claves de la campaña de Obama fue la táctica “de persona a persona”. No es lo mismo que un político te diga desde la televisión o desde un mítin sus ideas que el hecho de que tu vecino o tu madre te comente que le va a votar y por qué. No es habitual escuchar a alguien “yo votaré a tal por sus propuestas para que suba el íbex”. No podemos dirigirnos a cada ciudadano exclusivamente, pero podemos intentar que interactúen entre ellos.
Votantes contrarios: Sin endulcorantes, a estos no les vamos a convencer. El objetivo aquí es minimizar los daños y cuidar los “detalles” (de los que hablaremos más adelante)
Votantes indecisos: Aquí es dónde sí nos la jugamos. Tiene que quedar claro el mensaje. A ellos hay que informarles antes de persuadirles. Contar lo que queremos contar y dejar que nuestra forma de contarlo e interactuar nos lleve por el camino que queremos.
A continuación, algunas claves que hay que tener en cuenta a la hora de debatir:
En temas comprometidos no arriesgar demasiado si la situación no lo permite. Más vale decir poco y bien que meternos en jardines de los que es difícil o imposible salir sin daños.
Destacar los puntos buenos de nuestro gobierno si buscamos una permanencia. Parece simple, pero a veces es más fácil atacar desde la oposición que “defender el fuerte”.
Relacionado con lo anterior, no podemos limitarnos a contestar al contrario, ya que en ese caso este sí estaría “ganando” el debate, llevándolo por dónde el quiere. Se trata de una conversación, así que debemos tanto exponer como contestar, así como preguntar al otro y dirigirnos a él (no queda bien un debate - mítin en es que solo nos dirijamos a cámara, al público o al moderador: no podemos ignorar al otro)
No atacar al contrario interrumpiéndole o no dejando que hable. La educación habla más que las palabras en muchos casos. Y la ciudadanía no pasará por alto un intento de dominio desleal del contrario.
Si se nos ataca a nosotros, no responder con lo mismo. Un sencillo “¿me puede dejar hablar, por favor?” en un tono moderado transmitirá exactamente lo contrario que está transmitiendo quien nos ataca.
No esquivar deliberadamente preguntas o temas. Para solucionar esto buscaremos formas de contestar aunque sea “los expertos están analizando la situación y pronto podremos ofrecer a los españoles las respuestas, pero no queremos precipitarnos”, como en una comunicación de crisis.
No mentir. Parece claro, pero a veces parece que se nos olvida. En el culmen del debate, si sentimos que perdemos, nos agarramos a lo que sea, y esto no es adecuado. Se gana con la verdad. El público no perdona una mentira.
No prometer lo que no podemos cumplir. Lo bueno de una ciudadanía que ya no cree en muchas de las cosas que se dicen en las campañas electorales es que no tenemos por qué hacer promesas imposibles para persuadir. Seamos realistas.
Cuidar los detalles: El cara a cara de Nixon y Kennedy tuvo lugar hace más de cincuenta años pero sigue dejándonos un ejemplo muy claro. Nixon llegó tarde a la sesión de maquillaje, cansado de otros actos electorales y con la sombra de una barba. Los planos escogidos tampoco fueron acertados, por lo que Kennedy fue visto como un político joven y elegante y Nixon parecía mayor y cansado. No mejoró la situación el que este último acusase de sabotaje a la maquilladora. Pero esto no va solamente de imagen: Nixon demostró no haberse preocupado lo suficiente por la preparación del debate (no debería haber estado ocupado todo el día, sino que debería de haber descansado y preparado el debate correctamente), pensando que no iba a cambiar nada, y la transmisión de ese “desprecio” fue decisiva. Además, esta cuestión visual distrajo a los espectadores del mensaje que Nixon tenía que transmitir.
Como vemos, un detalle tan aparentemente insignificante puede conllevar una cadena de hechos que no benefician nada al candidato, por lo que preocuparse de cada detalle es básico para partir al menos de igualdad de condiciones. De nosotros depende.
Esta noche podremos tener una nueva oportunidad de aprender. Cada candidato tendrá su oportunidad de dirigirse a su público, al público contrario y al público indeciso. Es importante el qué, pero es también importante el cómo. ¿Ganar? Es relativo. Lo que importa es cómo se juegue, es el desarrollo lo que el público tendrá en cuenta realmente, cada uno según sus intereses. El “que gane el mejor” lo reservamos para el día 20. Aquí lo importante es participar.
Aviso a navegantes: En este texto busco analizar unos hechos desde el punto de vista de la comunicación y la opinión pública, por tanto la objetividad será la relativa a estos temas. No obstante, antes de nada haré un ejercicio de sinceridad y diré que personalmente soy obamista. Siempre me ha gustado, pero no es amor político ciego, no considero que sea perfecto y soy consciente del descenso de su popularidad entre la población, cosa que no es 100% responsabilidad suya, como paso a analizar a continuación.
4 de noviembre de 2008. El mundo contempla lo que no hace demasiados años parecía imposible: un afroamericano había ganado la carrera a la Casa Blanca. Había vencido recelos y prejuicios de una sociedad bastante más conservadora de lo que quiere aparentar. Estaba haciendo historia. El sueño de Martin Luther King comenzaba a cumplirse.
Tres años después, el presidente estadounidense es objeto de las críticas no solamente de sus adversarios políticos (capitaneados por el feroz Tea Party), sino también de miles de ciudadanos descontentos. ¿Es que acaso no ha habido cambio? ¿Qué fue de Mr. Change?
Desde la presentación de su candidatura en el Partido Demócrata, junto a la de Hillary Clinton, se sabía que iba a haber un cambio. Estados Unidos estaría presidido por primera vez en la historia por un afroamericano o por una mujer. Los demócratas sabían eso, de la misma manera que estaban seguros de que la sociedad estadounidense necesitaba algo diferente, ya que la situación durante los últimos años (con hechos, por ejemplo, como la Guerra de Irak) había hecho descender la popularidad internacional de su país. Necesitaban un lavado de imagen del Gobierno, dentro y fuera de las fronteras. Y la palabra fue esa, "cambio". Un cambio que mucha gente pedía desde hacía tiempo, por lo que vieron en Obama la solución a sus problemas.
A esa clave se le sumó una campaña de esperanza (contrarrestando las campañas de miedo que habían utilizado los republicanos en las últimas ocasiones) y personalización (la plataforma barackobama.com implicó directamente a miles de personas, que empezaron a sentir esa candidatura como algo suyo). No hay más que fijarse en el lema "Yes We Can". Nosotros podemos. Tú, conmigo. Aquel camino a la Casa Blanca era cosa de todos. En las elecciones de 2004 se entendía un paternalismo implícito por parte de Bush, algo como "yo cuidaré de vosotros, los malos no os van a hacer nada". En este caso la lucha era de todos. Y cuando la gente se siente de verdad parte de algo, se implica desde la atención ante los discursos hasta el momento del voto.
(No es un vídeo de campaña que surja desde el Partido, sino que está realizado por aquellos futuros votantes que creían en el cambio)
El resultado fue, igualmente, sorprendente. Las barreras finalmente habían caído. Sí, pudieron. La emoción que había suscitado Barack Obama durante los meses anteriores se dejó sentir en las celebraciones de la victoria, y las portadas de los periódicos reflejaron lo que el mundo estaba viviendo.
El mundo había cambiado... ¿había cambiado? ¿Era Obama el cambio total y la solución a todos los problemas? Evidentemente no. Barack Obama era el nuevo presidente de Estados Unidos y tenía intención de cambiar las cosas. Y comenzó a hacerlo. Pero la situación en la que estaba el país no era fácil, se avecinaba un estallido de la burbuja económica que nada ni nadie, ni el mejor presidente posible, podía cambiar. En cualquier caso, si tenía que vivirse esa situación, era mejor con un presidente optimista que con alguien que poco menos que predijese el apocalipsis y crease una alarma mundial. Las consecuencias negativas de la crisis eran y son innegables, pero no hace ninguna falta que alguien las siga enfatizando desde un alto cargo. La población, más que nunca necesita esperanza. Pero esa palabra es un arma de doble filo, ya que fue lo que provocó la caída de Obama.
Obama llegó cargado de buenas intenciones y comenzó a mover las cosas, sobre todo en relación a Oriente Medio, lo que le valió un Premio Nobel. En realidar, este honor fue concedido más por la voluntad que por la acción, ya que aún no había tenido tiempo de hacer garn cosas (ya se sabe, "las cosas de palacio van despacio", y si implican a más de un "palacio" la lentitud crece inexorablemente). Lejos de beneficiarlo, este premio oscureció aún más las gafas rosas que los estadounidenses llevaban puestas en cuanto a la política d.O (desde Obama). La caída iba a ser dura, y así sucedió. Por más tiempo que pasaba y más iniciativas que el Presidente llevaba a cabo, nadie, ni siquiera él tenía una varita mágica que solucionase todos los problemas que había. Pese a que algunos lo pensasen, Obama no era un súper héroe.
Poco a poco el apoyo prácticamente incondicional con el que contaba el Presidente comenzó a retroceder, llegando a cuestionarse proyectos como el de la Reforma Sanitaria, que finalmente fue aprobada con muy pocos votos de diferencia y aplicándose diversas enmiendas. No estaba siendo tan fácil.
Las elecciones de medio término en noviembre de 2010 pusieron de manifiesto lo que no podía ser maquillado por más tiempo: la confianza en el Partido Demócrata había caído de la misma forma que la economía. El sueño se había convertido en pesadilla.
La sociedad no estaba contenta pero ¿quién tenía la culpa? La imagen de Obama se había elevado a tan alto nivel que ni él mismo podía estar a la altura. Las grandes expectativas son rencores en potencia y la primera mitad de la legislatura había sido un ejemplo perfecto. De todo se aprende y una muy buena lección es que hay que "educar" votantes realistas, de nada vale ílusionar a todo un país si la desilusión (lógica, porque nada puede ser perfecto y menos con unas circunstancias que se venían fraguando desde hace muchos años) va a ser más fuerte.
De esta manera, sectores y movimientos como el Tea Party se constituyeron como verdaderos lobbies que sacaban punta a cada acción de Gobierno, desde cuestionar la procedencia del Presidente hasta compararle con Hitler.
Está claro que antes de la campaña es necesario un marketing de gobierno. Pero no es fácil, sobre todo cuando además de a la oposición, Obama se enfrenta a lobbies, al descontento generalizado y compite no tanto con sus adversarios políticos, sino con el Obama de la campaña, el titán que vivía en el imaginario colectivo y que hizo que la gente soñase demasiado alto. Porque hay que soñar, pero no se pueden levantar tanto los pies del suelo, porque más dura será la caída.
Recuperar la confianza es si cabe más duro que ganarla. Requiere tiempo y paciencia, pero en política demasiadas veces se mira solo a corto plazo, a las próximas encuestas, sin tener en cuenta las acciones de cada día. Una campaña se hace poco a poco, un Gobierno todavía más.
Actuaciones como la operación militar que acabó con la vida de Bin Laden pueden haber contentado a los americanos muy rápido pero quizás fue demasiado precipitada la decisión. Las cosas podrían haberse hecho de otra manera y terminar venciendo la guerra contra el terror de igual manera. Sí, la Operación Gerónimo dió un instante de felicidad a los patrióticos estadounidenses que se congregaron frente a la Casa Blanca con banderas mientras coreaban "U.S.A", pero si bajamos a la tierra, esa acción no afecta significativamente a la vida cotidiana de los millones de ciudadanos que se enfrentan a problemas como la precariedad laboral.
- Todavía queda un año, Obama debe enfrentarse a una campaña, pero esta debe ser combinada con marketing de gobierno. hacer bien y hacerlo saber. Quizás sea el momento de dejarse de grandes logros y destacar las pequeñas contribuciones que mejoran la vida de la gente de a pie. Eso es lo que tiene que salir en los medios. Quizás no acapare portadas cada día ni sea TT en twitter. Pero a la hora de llegar a las urnas, los americanos votarán por su vida, no por lo que la televisión enseña.
Todavía se puede, todavía hay un por qué. Ahora toca enfrentarse a los cómos.
España sigue tomando las plazas. Ahora los indignados son los antiabortistas de Acampada Vida. No voy a entrar a valorar el tema, solo diré que es interesante la diferencia entre los indignados que piden más derechos y los que pretenden que se quite uno. Pero...todas las opiniones son respetables. La cuestión es...¿son las acampadas las nuevas manifestaciones? ¿Se consigue más en una protesta si hay quechuas por el medio?
El Movimiento 15M era especial entre otras cosas por su singularidad, como supongo (y solo supongo, porque es evidente que no he vivido en primera persona el ejemplo que estoy a punto de poner) que lo eran las primeras manifestaciones. Alguien tuvo que ser el primero. Y sigo suponiendo que los del otro bando adoptaron la idea y no sé qué tal les sentaría a los que tuvieron la idea que los “contrarios” le copiasen...
Claro que aquí no tiene por qué haber contrarios. El 15M era el movimiento de todos, algún antiabortista debería haber por allí, es una cuestión estadística... Pero si empezamos a especializarnos, lo próximo será una acampada anti-reggaeton o pro-iphone por encima de blackberry... Y con el tiempo, será normal ver acampados en Sol (yo creo que incluso habrá familias alemanas despistadas intentando pasar con la caravana y las sillas de playa) y no nos preguntaremos siquiera quiénes son esta vez.
Hay muchas formas de expresarnos, lo importante es saber alzar la voz, pero no podemos usar todos el mismo micrófono.