miércoles, 23 de septiembre de 2015

No todo fue un sueño. Referencias históricas y políticas en “Alicia en el País de las Maravillas”

 A la gente le gusta lo absurdo. Ayuda a evadirse de la realidad porque (aparentemente) no es necesario buscarle ninguna lógica porque no la tiene. Es por esto que la historia de Alicia en el País de las Maravillas ha sido versionada y recreada en diversas formas desde que Lewis Carroll la escribió por primera vez. Siempre hay algo nuevo que añadir, una nueva interpretación que dar, porque ¿es solamente un sueño?


Existen teorías que van más allá de las típicas interpretaciones sobre drogas y psicopatías para meterse en el terreno político. Se sabe que Lewis Carroll quiso dejar en sus libros una crónica del costumbrismo político y social de la época en forma de parodia para hacer más incisiva su crítica. La historia es una sátira sobre el puritanismo de la educación que se presentaba en la burguesía en esa época. Por ejemplo se burla de la hora del té con el Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo, de la autoridad encarnada en la Reina de Corazones, o del preocupado Conejo Blanco. Los personajes locos y extravagantes representan excéntricos ingleses de la época victoriana.

 Y no solamente Carroll incluyó subtexto; paradójicamente, el País de las Maravillas recreado por Disney en 1953 representa para algunos el mundo real, el de la primera mitad del s. XX. El contexto de la época estuvo plagado de revoluciones y conflictos bélicos (los más internacionales hasta la fecha, tengamos en cuenta que se acababan de vivir dos guerras mundiales), por lo que motivó sensaciones dispares, incoherencia, interrogantes no resueltos, miedos y ansiedades. Veamos algunas de estas teorías:

* El cuento de la Morsa y el Carpintero que cuentan los gemelos Tweedle podría ser una crítica al colonialismo de la época, representando las ostras a las pequeñas colonias y la Morsa y el Carpintero a Inglaterra, siendo ambos personajes sendos arquetipos de políticos.


* Este mismo cuento también podría tener un trasfondo religioso (si bien esto es mucho más rebuscado), siendo el Carpintero una representación de Jesucristo, la Morsa equivaldría a Pedro y las ostras a los discípulos decididos a seguir a Jesús hasta el final.

* Otra equivalencia posible sería la de la Reina de Corazones, que vendría a ser una representación paródica de la Reina Victoria, cuyo físico y modales serían caricaturizados en dicho personaje. 


* Se dice también que la historia tiene referencias a la Guerra de las Dos Rosas (que enfrentó a York y Lancaster y cuyo nombre hace referencia a los símbolos de ambas casas) en cuanto al acto de pintar de rojo las rosas blancas, color que enfurece a la Reina de Corazones (la cual representaría a la Reina Margarita, esposa de Enrique VI), hasta el punto de hacerlos decapitar por haber elegido "por error" esas flores.


 * La historia de Alicia como parodia del final de la II Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría. Hay varios apartados de la película de Disney que se relacionan con este tema:

- Alicia, una niña curiosa y soñadora, explica (o, más bien, canta) cómo sería su mundo ideal. Ella aquí representaría a Estados Unidos, la nación joven, que, de hecho, al final de la Guerra Mundial intentó implementar soluciones para lograr un mundo mejor (Doctrina Truman, por ejemplo). Su hermana representaría a Gran Bretaña. Es mayor que ella e intenta que se centre y ponga los pies en la tierra, tal como la Gran Bretaña de la posguerra frenó las idealistas políticas de EEUU para dedicarse a su recuperación económica y social. El Conejo Blanco aparece como catalizador de un cambio, arrastrando a Alicia al problemático País de las Maravillas. Simboliza la lucha por el poder entre EEUU y la URSS. Cabe destacar que el reloj siempre marca la misma hora pero el Conejo insiste en que llega tarde; de esta forma se representaría el hecho de que ninguna de las dos potencias estuviese avanzando realmente hacia una resolución del conflicto, pese a que alardeasen de sus progresos.    


 - Los Gemelos Tweedle serían la expresión de las dos Alemanias (Este y Oeste): son prácticamente iguales y se complementan, pero son dos personas, hay una división, en la que tienen el mismo nombre pero distinta terminación (Dee y Dum). El hecho de que sean mayores pero vayan vestidos como niños sería la metáfora de que pese a que el territorio es antiguo, se les trata como si fuesen países recién nacidos.


- El cuento de la Morsa y el Carpintero representaría la relación de la URSS (Morsa) con el proletariado (Carpintero, representado con uniforme y un martillo), a quien engaña y se aprovecha de su confianza para acaparar sus recursos (ostras) y lograr enfadarle debido a su inefectiva distribución. 


- El jardín simboliza la "parte buena" del régimen comunista. Las mariposas constituyen una unidad al alinearse y las flores entonan bellas canciones (el desarrollo de las artes, especialmente la música, fue un hecho durante el régimen. De hecho, el alegretto entonado por las flores termina con un tambor, clásico en las  melodías rusas de la época). También se destaca el hecho de que la reina del jardín sera una rosa de color rojo, el color del movimiento comunista.


- El poema que la Oruga recita a Alicia ("El pequeño cocodrilo, para aprender sus cantares, usa las aguas del Nilo con sus notas musicales. Con hipócrita modestia, sus garras pone a indicar a los tiernos pececillos por dónde deben entrar") haría referencia al golpe militar de Abdel Nasser en Egipto (1946), el cual aisló al país de cualquier intervención foránea, nacionalizó sus recursos y se adueñó de los puertos.


- El juicio a Alicia (en el que Reina decide qué es importante en los testimonios, ordena saltarse pasos en el proceso, etc.) consistiría una referencia a las violaciones de los derechos humanos en la URSS.



En definitiva, las interpretaciones que se han buscado a la historia de Alicia abarcan todo tipo de temas y la política no es una excepción. Al fin y al cabo, de igual manera que todo sucede en la mente de la protagonista, un País de las Maravillas propio es desarrollado en la mente del espectador, que buscará las conexiones con aquello que conoce, entrelazando el reino mágico con su propio mundo y con la historia contemporánea, completando así el relato y otorgándole un significado más profundo; es así como nace un cuento inmortal como Alicia en el País de las Maravillas.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

E Pluribus Simpson. Springfield y la política

Las referencias a la esfera política en los Simpson son tan constantes que casi ni prestamos atención. Desde retratos más o menos polémicos de ciertos países a inclusiones de políticos en la trama (por ejemplo, cuando el ex presidente George H. W. Bush se mudó al vecindario de los protagonistas). Con la temporada número 27 a punto de estrenarse y a un año de las elecciones presidenciales, es fácil predecir que estas tramas “politizadas” se intensificarán.
Desde mi perspectiva, hay un capítulo que es enormemente representativo de la vida política y el contexto social del momento en que fue emitido (enero de 2008, en plena recesión económica y con un electorado que en unos meses votaría por el cambio, haciendo historia con la victoria de Barack Obama) y merece un análisis en profundidad. El título “E. Pluribus Wiggum” es un guiño al clásico lema de Estados Unidos, “E Pluribus Unum”, siendo ya un avance de lo que nos vamos a encontrar.


El episodio comienza con un McGuffin: Homer Simpson destruye accidentalmente el barrio de comida rápida. Esto nos lleva a una asamblea en la que los ciudadanos enfurecidos demandan que se vuelva a reconstruir. Destaca el discurso de Homer con música épica de fondo que constituye una parodia clara de los discursos patrióticos y conmovedores a los que el público está tan acostumbrado. La forma coincide, el fondo, sin embargo, es mucho más vulgar y carente de la pretendida heroicidad subyacente en este tipo de arengas: “No sé ustedes pero yo no quiero vivir en un futuro en el que la comida me la sirvan camareros, donde las sillas no estén unidas a las mesas y donde no pueda abandonar a mis hijos en una piscina de pelotas sucias. Construiremos un barrio de comida rápida más grande y mejor que antes”. 


Con el alcalde explicando el dinero que eso costaría, encontramos referencias a la situación económica (recordemos que este episodio fue emitido en Estados Unidos en enero de 2008, año que se iniciaba con una gran crisis crediticia). Las reacciones de los asistentes a la asamblea son un buen resumen de las actitudes que habían llevado a muchos países a esa recesión:
Dr. Hibbert – Para recaudar hay que emitir bonos
Lisa – ¿Y no pagará las consecuencias mi generación?
Bart – No idiota, lo resolveremos emitiendo otros bonos, a ver a quién le carga el muerto ella (señala a Maggie, quién mira al asiento de su lado con intención de, una vez más, desviar la responsabilidad, pero lo encuentra vacío).

Como consecuencia a todo esto, se adelantan las primarias siguiente martes, convirtiéndose en las primeras del país, antes que las de New Hampshire (estado en dónde tradicionalmente se celebra la primera de las 50 elecciones primarias, por lo que los resultados, si bien no son determinantes, si tienen una cierta influencia debido al efecto multiplicador de la cobertura electoral por parte de los medios, dado que resulta la primera medición electoral). Esto hace que una horda de medios de comunicación de dirijan a Springfield con la intención de medir la opinión pública para tratar así de predecir las tendencias de cara a las demás elecciones posteriores. Tal como expresa el periodista estrella de la serie (y prácticamente el único) Kent Brockman, “nuestra modesta ciudad ha sido invadida por candidatos, corresponsales, portavoces, escritorzuelos, publicistas, articulistas, cronistas e incluso algún votante ocasional”.
El anuncio de las primarias en Springfield no puede ser más paródico respecto al patriotismo americano, mostrando a un águila calva disponiéndose a emitir su voto y emergiendo triunfante para dejarnos un fundido a negro con la tradicional pegatina “I voted”. En la lista de votantes también aparecen el Tío Sam y la Estatua de la Libertad.
Encontramos también una referencia a la situación del periodismo “de letra impresa” en una conversación entre Nelson y Skinner. El primero se burla de un redactor del Washington Post diciendo “¡ha ha, la prensa escrita se muere!”. Cuando director del colegio le replica, Nelson contesta “¡pero es así!, a lo que Skinner responde “ser sincero no es ser cruel”.

Se nos muestra a continuación una encuesta cualitativa a través de un grupo objetivo compuesto entre otros por Homer, Barney, Lenny, Carl y el padre de Milhouse. Esta selección ya nos transmite la escasa aleatoriedad del sistema si consideramos que cinco de las ocho personas que lo conforman tienen la misma edad y tres de ellos trabajan en el mismo sitio. Estos sujetos son expuestos a anuncios electorales. Se presenta a un ex gobernador al que Homer dice que votará nada más oír su primera promesa, lo cual conforma una crítica al poco criterio de algunos votantes que escogen sin saber realmente quién y cómo es su candidato, lo cual se reitera cuando se arrepiente al escuchar un par de datos. En ese anuncio se hace referencia a la defensa del país que contrasta con la presunta amistad del candidato con un líder terrorista . Esta relación se basa en que artículos sobre ambos aparecieron en el mismo número del New York Times, aludiendo así a las críticas cogidas con alfileres transformadas en hechos y presentadas de la manera más sensacionalista. Aquí encontramos un reductio ad absurdum cuando en vez de publicar una foto de ellos juntos se enseña un fotomontaje de ambos tomando un batido con dos pajitas rodeados de corazones. Las opiniones del grupo siguen evidenciando la crítica a la ausencia de información contrastada y opinión formada de los ciudadanos: Lenny afirma “a mí me gusta todo pero me horroriza” a lo que Carl responde “yo opino lo contrario pero lo mismo”. Homer exclama que es el mejor anuncio de batidos que ha visto, lo cual prueba cómo el espectador se queda con lo anecdótico, tendencia muy aprovechada en el periodismo en general y en la crónica política en particular; por ejemplo, mucha gente asociará el debate Nixon – Kennedy por la ausencia de maquillaje del primero y sin embargo no será capaz de recordar nada de lo que allí se habló.

Después observamos un debate marcado por el uso indiscriminado de cifras y terminología incomprensible para el votante de a pie. A veces las frases ni siquiera tienen sentido en sí mismas (“el quintil mayor de la población consume el 60% de los recursos del país mientras que los dos quintiles menores consumen una octava parte”).

Se nos ofrece también una vista de los jardines delanteros de un vecindario, plagados de carteles electoralistas. Vemos al propio ex presidente Clinton poniendo uno de su esposa. En ese momento se enfoca la casa de los Simpson, dónde se puede leer la palabra “undecided”. Esto provoca una avalancha de periodistas y políticos que se lanzan a por los indecisos (exagerada en las imágenes con helicópteros e incluso elefantes, los cuales simbolizan al Partido Republicano). Los candidatos se sacan fotos con la familia (trinchando un pavo, un estereotipo americano más que alude al Día de Acción de Gracias) mientras recitan cortos eslóganes fuera de contexto: “Valores familiares”, “”desaparición de la clase media”, “recorta y corre”, “los terroristas ganan, los terroristas ganan”...


A continuación vemos a un grupo reunido en el bar de Moe expresando lo hartos que están de la invasión y critican la frívola cobertura electoral alegando que los periodistas “no hablan de los temas cruciales, solo quieren nombrar un favorito y volver a sus mansiones”. También en el colmo de la exageración se escuchan críticas a la democracia e incluso se exalta jocosamente el régimen de Juan Perón porque “cuando te hacía desaparecer desaparecías para siempre” y “estaba casado con Madonna”. Este último comentario vuelve a subrayar la denuncia de la supuesta ignorancia de los votantes que no saben distinguir la historia real de una película. Además, el hecho de presentarle como dictador y acusarle de desapariciones ha hecho que políticos argentinos hayan pedido la prohibición de la emisión de este capítulo de la serie. No obstante, pese al hartazgo y las críticas al sistema y a las molestias causadas a Springfield, Ned Flanders declara “no podemos no votar, nadie hace eso”, aun cuando las tasas de participación electoral en Estados Unidos no eran tan altas como en otros países, y menos en unas elecciones primarias en la época de emisión del episodio (enero de 2008). Sin embargo, unos meses después de batirían records en las elecciones generales que dieron la victoria a Barack Obama, con un 64,1% de participación, la cifra más alta desde 1908.
En esta reunión se decide presentar a un candidato “increíblemente ridículo”, a modo de protesta contra el sistema. Así, de esta manera los electores de Springfield rechazan a los principales postulantes a favor de la aparición de una candidatura de última hora que contaba con el apoyo del 53% del electorado. Este nuevo postulante no era otro que Ralph Wiggum, un niño de ocho años, con lo que Homer, impulsor de la idea, se jacta diciendo “lo que he dicho ha hecho que pase eso de la tele” mientras su familia se mostraba horrorizada.
El absurdo de que tenga ocho años y no esté adscrito a ningún partido político (dado que incluso sería ilegal que se votase a sí mismo) es obviado por todos menos por Lisa. Esta candidatura es tomada en serio y discutida tanto en televisión como a pie de calle, tratándole como un candidato perfectamente elegible y legítimo. Con el personaje más ridículo se nos evidencian las manipulaciones a las que se someten las declaraciones de los candidatos, presentando a un Ralph asustado ante un mar de micrófonos diciendo “esa gente me da miedo” como su reacción ante la inmigración o dibujando su política económica con una imagen del mismo contando unas monedas de su hucha y declarando “solo tengo este dinero”.


Lisa se muestra muy preocupada por el tema y su madre intenta tranquilizarla diciéndole que debe tener fe en la sabiduría del elector medio. Esto resulta chocante dado que unos segundos antes la propia Marge se creía por completo un anuncio del periódico en el que un concesionario intentaba liberarse del stock sobrante. Homer y Bart, por el contrario, se muestran entusiasmados con la candidatura de Ralph y le apoyan, llevando incluso camisetas propagandísticas. Bart presume de que este le dejará ser secretario de Asuntos Gamberros, lo cual es el realidad la primera propuesta que se oye por parte del candidato, por ridícula que sea. Cuando Lisa explica que Ralph no puede ser presidente dada su lentitud y su escasa inteligencia Homer le replica que ser presidente es fácil “solo tienes que decirle al ejército que dispare”. Recordemos que la emisión de este capítulo tuvo lugar durante el ocaso del gobierno de George Bush y que las tornas estaban a punto de cambiar, por lo que en la conciencia americana del momento estaban muy presentes las actividades bélicas promovidas por el entonces presidente y el descontento seguía extendiéndose, como se demostraría en noviembre de ese mismo año en las urnas. También se incluyen referencias al Acta Patriótica y se quita importancia a las intromisiones en la intimidad que pueda ocasionar e incluso se la venera en detrimento de la propia Constitución (según la cual Ralph no podría ser presidente).


Son muy interesantes los retratos pretendidamente estereotipados y paródicos de los partidos Republicano y Demócrata que se nos ofrecen a través de sus reuniones en Springfield (en las que discuten cómo hacer que Ralph se una a sus filas y sea su candidato). Entre los representantes republicanos se encuentran Montgomery Burns, la esposa del Reverendo Lovejoy (única mujer), el mafioso Tony el Gordo, el actor de acción McBain, el doctor Hibbert, un empresario petrolero texano y el vampiro imagen de una marca de cereales. Su reunión tiene lugar en un castillo fantasmagórico en medio de una noche de tormenta y en ella se escuchan críticas al presidente Bush y referencias veladas a las presunto fraude electoral de Ohio. La reunión de los demócratas de Springfield, por el contrario, tiene lugar en un supermercado ecológico y sus representantes son un gay, un inmigrante (el “Hombre – Abeja” mexicano), tres mujeres (entre las que se encuentra la hermana lesbiana de Marge) y el eterno alcalde de Springfield (el cual ha sido siempre una parodia de Bill Clinton). No está exento de crítica este bando, ya que además de los estereotipos se dice que teniendo a Ralph en sus filas no saben cómo la van a fastidiar pero lo harán “porque es lo que hace siempre el partido demócrata”.

Finalmente ambos partidos se congregan ante la puerta de Ralph con el fin de convencerlo de que se una a ellos. Ante la indecisión del candidato se intenta sacar de contexto de nuevo cada una de sus palabras a fin de arrastrarlo a un bando. Ante el acoso de partidos y medios, el niño se encierra en casa y Lisa acude a defenderlo de aquellos que han entrado por las ventanas. Habla con él para que entienda que solo quieren utilizarle y entonces Ralph explica que quizás sea él quién quiere utilizarles a ellos “para que el país vuelva a ser grande. Cuando nos enfademos solo usaremos la palabra, entonces el resto del mundo será majo con nosotros”. Poner la política del diálogo y antimilitarista en boca de un niño como único abanderado de esta defensa pacífica de las relaciones internacionales y la mejora de la imagen de Estados Unidos es el gag final de esta comedia, evidenciando que “los mayores” están corruptos y no hay esperanza sin “sangre nueva”. Precisamente ese voto por la renovación fue lo que acabó pasando meses después, si bien las cosas no fueron tal como Ralph predijo, porque el mundo siempre es más complicado de lo que parece en la mente de un niño de ocho años, pero quizás la lección que pretende transmitir este episodio es que a través de los ojos inocentes es como se ven las soluciones menos problemáticas y que existen todavía feudos no corruptos y esperanza en las nuevas generaciones.

En un final del todo surrealista Ralph se presenta como unión de ambos partidos y en su spot electoral se resume su esencia: “Solidaridad, firmeza, curiosidad. Palabras que Ralph Wiggum desconoce, pero no necesita conocerlas: las vive a diario”. El propio candidato, sentado sobre las rodillas de la estatua del Presidente Lincoln, habla al final del anuncio (como si estuviese pidiendo sus regalos a Santa Claus): “Quiero un triciclo, un perro que no muerda mis juguetes y un futuro más brillante para mi país. Soy Ralph Wiggum y he sido un niño muy bueno”.


¿Qué nos deparará la próxima temporada electoral en la serie? ¿Y en la realidad? Esperemos que los espectadores y votantes no se queden con el anuncio de batidos y que los candidatos no tengan que sentarse sobre Santa Claus para declarar que han sido niños buenos.



jueves, 20 de agosto de 2015

La utilización politica del teatro de Shakespeare


Si algo carateriza a la obra de Shakespeare es su atemporalidad: el contexto puede haber cambiado pero el ser humano, en su más pura esencia, no lo ha hecho. Las ambiciones, los odios y pasiones siguen siendo el motor que mueve al hombre, causa de sus acciones y responsable de sus consecuencias.



El objetivo de los dramas que escribió el Bardo de Avon es el poder, o sea, el mismo objetivo que el “drama” de la política. Su búsqueda no es solamente un elemento de fondo, sino que llega a ser la verdadero protagonista en muchas de sus obras. Shakespeare supo copiar, con extremada sensibilidad y exactitud, el fenómeno del poder como pasión, fuerza, afán, tensión... En definitiva, explicó su significado como motor del conflicto humano, hasta sus más profundos matices, creó personajes dramáticos sobre argumentos históricos que trascendieron al original, convirtiéndose en prototipos permanentes del comportamiento humano ante la lucha por el poder. Shakespeare narró todas las etapas de la lucha por el poder, desde los momentos en que los ciudadanos comienzan a cuestionarse la legitimidad del orden establecido y la justicia, como en el caso de Coriolanus hasta la ejecución de los impulsos provocados por ambición desmedida de que acaba con el asesinato como en los casos de Macbeth o Julio César, por ejemplo.

Este empleo político de la obra de Shakespeare comenzó por él mismo. El escritor vivió durante el reinado de Elizabeth I (cuyo nacimiento se celebra al final de la obra Henry VIII), la última de la dinastía Tudor, y en algunos sectores se ha considerado una parte de su obra como propaganda 1 de dicha casa, ya que alerta acerca de los peligros de la guerra civil y homenajea a los fundadores de la estirpe. Además, presenta a Richard III (el último descendiente de la casa York, principal rival de los Tudor) como un monstruo mientras que alaba al usurpador Henry III, perfiles que han sido ampliamente discutidos por los historiadores a través de los años. Incluso en algunas de sus obras (por ejemplo, Richard III) se advierte del fin de una era (la etapa medieval) con la irrupción del maquiavelismo y recuerda con nostalgia la Alta Edad Media. Además, Shakespeare justifica rebeliones en ciertos casos e incluso el tiranicidio pero no utiliza la historia inglesa para ello, sino que lo engloba en obras que ambienta en la Antigua Roma (Julio César), Dinamarca (Hamlet) o
Escocia (Macbeth).

Si bien Shakespeare nunca fue un propagandista al uso, ya que solamente pretendía invitar al público a sacar sus propias conclusiones y a cuestionar el orden establecido. Además de presunta propaganda política, también se dice que en sus obras se esconden alusiones a sus fuertes creencias católicas y sus miedos respecto al futuro de Inglaterra. Desde la defensa (en boca de sus personajes) de la fe en la “verdadera religión antigua” señalaba al catolicismo que su familia y él parecían practicar. En su época la censura y la quema de panfletos “ilegales” estaban a la orden del día, por lo que sus mensajes debían estar ocultos y disimulados. De la misma manera expresaba su intranquilidad respecto a la situación política imperante, empleando metáforas como “tempestad” o “tormenta” para referirse a los problemas británicos. Incluso se afirma que las referencias al sol constituyen una metáfora de Dios y que los personajes a los que describe como “bronceados” (por ejemplo Viola, Imogen o Portia) son aquellos a los que considera más cercanos a la divinidad. Otra posible clave se encontraría en las referencias al número cinco (las heridas de Jesucristo) cuando el escritor describe flores, heraldos o incluso marcas de nacimiento, por ejemplo.
Pero Shakespeare no solo hizo un claro y preciso retrato de la sociedad política de su tiempo (y del pasado), sino que dejó los ingredientes que seguirían utilizándose siglos después con el fin de continuar retratando sociedades y épocas, en muchos casos con una intencionalidad que va más allá de la mera narrativa histórica.


The play's the thing. Wherein I'll catch the conscience of the king” (Hamlet, Act 2, Scene 2)

El 8 de febrero de 1601 tuvo lugar la fallida rebelión que intentaba conquistar el trono inglés para el Conde de Essex. La noche anterior los conspiradores pagaron a la Shakespeare's Company para que representasen Richard III, obra en la que acontecían eventos similares, con el fin de alentar a los rebeldes. En la investigación que siguió al alzamiento se ejecutó a varios de los asistentes a la representación, si bien los actores fueron eximidos de cualquier cargo delictivo.

La Guerra Civil de 1640 fue más religiosa que política (la ejecución de Charles I se relacionó también con sus creencias católicas) y trajo consigo el cierre de numerosos teatros públicos en una “campaña por la moral pública”. Cuando más de una década después su hijo Charles II regresó a Inglaterra de su exilio en Francia, una de las primeras medidas de su reinado fue la reapertura de los teatros. La patente de uno de ellos fue otorgada al dramaturgo William Davenant, quién decidió devolver el favor de alguna manera adaptado la obra Macbeth. Los paralelismos con la historia son innegables: un rey asesinado por rebeldes ambiciosos, una etapa de oscuridad y confusión y, finalmente, un nuevo gobernante justo y legítimo. Mediante esta adaptación, Davenant transmitía la obra que Shakespeare probablemente había escrito para honrar al abuelo de Charles II, James I, promesa de un nuevo reinado de paz y prosperidad.

Durante los siglos XVII y XVIII las adaptaciones de las obras del Bardo fueron alteradas. Tal como hiciera Davenant, se incluyeron discursos y escenas nuevas a fin de que cada dramaturgo incluyese determinados mensajes que le interesaba transmitir. A día de hoy esto nos parece casi inconcebible pero en aquella época reescribir una obra era más común de lo que pensamos. Uno de los más duraderos ejemplos de alteraciones fue El Rey Lear, cuyas representaciones entre 1681 y 1823 terminaban con un final feliz que incluía una boda entre Edgar y Cordelia. Del mismo modo, La Tempestad se convirtió en una ópera con un nuevo conjunto de personajes. Estos cambios no solo eran permitidos, sino esperados, y daban a la gente con profundas convicciones políticas y religiosas la oportunidad de declarar sus ideas valiéndose de la fama de Shakespeare.

El nombre del escritor acababa saliendo de un modo u otro los grandes debates políticos del s. XIX. Por ejemplo, una discusión acerca de la esclavitud traía argumentos sacados de Otelo o la defensa de los derechos civiles para los judíos se apoyaba en El Mercader de Venecia. Por supuesto, esto no sucedía solamente en Inglaterra; durante la era de la crisis política y social que reinaba en Alemania a mediados del s. XIX, el poeta Ferdinand Freiligrath escribió un poema llamado "Deutschland ist Hamlet" en el que lamentaba la situación de indecisión en cuanto a la búsqueda de la identidad alemana.

El convulso siglo XX fue el contexto perfecto para que las adaptaciones con tintes políticos removiesen las conciencias y alentasen al público que padecía bajo regímenes abusivos. Encontramos un ejemplo en la representación de Hamlet que Jan Kott presentó en Polonia en 1956, poco después del XX Congreso del Partido Comunista Soviético. La traducción del texto fue casi literal pero se enfocó como una obra de protesta contra la represión soviética. Cuando Hamlet dijo “Dinamarca es una prisión”, el público estalló en aplausos. Sin embargo, en este caso nos hallamos ante un camino de dos direcciones, ya que la URSS también promocionaba las obras de Shakespeare y se apropiaba de su discurso, atribuyendo su propia ideología al escritor (el crítico R. M. Samarin afirmaba que el Bardo veía a la humanidad desde el punto de vista comunista, dado que definía al hombre como “participante activo en la sociedad y no una lastimera criatura de Dios”).
Si bien resulta chocante que estos dos bandos utilizasen a su favor a la misma figura literaria, aún es más llamativo considerar que las representaciones de Shakespeare se encontraban entre las más populares en el teatro judío entre los años veinte y treita y, al mismo tiempo, estas mismas obras eran los únicos trabajos culturales de una nación perteneciente a los Aliados que estaban permitidas en la Alemania nazi. Los regímenes totalitarios y la obra de Shakespeare parecen ser una constante en la agitada época que rodeaba a los conflictos bélicos europeos. Encontramos otro caso de reinterpretación de Shakespeare en la versión de Julio César que Orson Welles presentó en el Teatro Mercury en 1937. En ella se fusionan la Antigüedad Clásica y el momento que se vivía en la Italia de Entreguerras, con el nazismo y el fascismo en su punto álgido.

Esta práctica de retratar a gobernantes de carácter dictatorial mediante obras de Shakespeare no ha desaparecido; en 2014 Ben Wishaw declaró que Muamar el Gadafi fue una de sus inspiraciones a la hora de interpretar a Richard II.

No fue solo el teatro el medio elegido para dar una dimensión contemporánea a la faceta política de la obra de Shakespeare. Las adaptaciones al cine también incluyeron alteraciones y diferentes énfasis en la perspectiva de la historia narrada. Destaca el caso Henry V, llevado al cine por Lawrence Olivier (1940) y Kenneth Branagh (1989). La versión de Olivier presentaba a un rey (que dibujó aún más virtuoso que el creado por Shakespeare) guiando a su Pueblo a una victoria heroica, fomentando el patriotismo y eliminando las escenas que representaban las atrocidades de los soldados ingleses. Se trataba de un ejercicio de propaganda y fomento de la devocióna las tropas, un filme que transmitía un mensaje de esperanza muy necesario en la época en la que la película fue estrenada. Por el contrario, Branagh ofreció una visión menos romántica y más cruda. El contexto histórico en el que se presentó su versión era el fin de la Guerra Fría; el enemigo ya no parecía tan monstruoso y la guerra no parecía tan épica y heroica. Esta película es mucho más cínica y no duda en centrarse en aspectos más introspectivos como la duda, la moral la ira y el miedo. Mientras que las escenas bélicas de Olivier eran grandiosas y heroicas, las de Branagh reflejaban una atmósfera mucho más oscura y descarnada. Además, esta última versión recupera las escenas que muestran el lado no tan noble de las tropas que Olivier había eliminado, dotando así a la película de un discurso que muestra los aspectos más crueles de la campaña militar inglesa. Ambos mensajes se entendieron y cumplieron su función: de aliento en el primer caso y como agitador de conciencias en el segundo (si bien Branagh fue muy criticado en los sectores más conservadores).

En los últimos años se ha continuado equiparando figuras y mensajes políticos con la obra de Shakespeare. Los periódicos norteamericanos compararon a Bill Clinton con varios personajes de la obra del Bardo, sobre todo con Henry IV robando el trono a Richard II. Además, una producción de Antonio y Cleopatra durante la época del escándalo Lewinski trazó varios paralelismos entre Antonio y Clinton (“un líder y un libertino al mismo tiempo”). Otro ejemplo, en este caso implicando a un republicano, lo encontramos en un artículo del New York Daily News en 2013: “La producción de Shakespeare que se presenta este año en Central Park habla del líder de una nación que invade un país distrayendo así la atención de la gente del dudoso camino que le llevó al poder. ¿El Presidente George W. Bush? No, Henry V”.
Es común que los ocupantes o candidatos a la Casa Blanca sean retratados como personajes de Shakespeare. El Wall Street Journal se refirió a John McCain como un Rey Lear senil cuyos intentos por ejecutar su poder acababarían en tragedia, mientras que otros medios definían a Romney como un controlador Octavius. Incluso se invocó a Macbeth para hablar del comportamiento del feudo republicano en un debate: “un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y furia, sin significado alguno”. También con Lady Macbeth es comparada la actual candidata a la Casa Blanca, Hillary Clinton desde mucho antes de que dejase de ser la esposa del gobernante para postularse ella misma como líder.

Conclusión
Queda claro que la atemporalidad de la obra de Shakespeare ha sido empleada mucho más allá de lo meramente cultural. Al igual que las prácticas Maquiavélicas o las tácticas de oratoria de Cicerón, el retrato que el Bardo hace del alma humana y de sus pasiones, orientadas en muchos casos a la conquista del poder, es más actual cada día que pasa. El precio de su prestigio es el aprovechamiento de su figura y su obra en pos de intereses partidistas y gubernamentales, siéndole atribuídas ideologías que no profesaba. La patente actualidad de sus historias nos hace comprender que el pasado está condenado a repetirse pero también nos enseña que son posibles las hazañas de sus héroes fuera de un campo de batalla y que la denuncia de la injusticia es el fin más noble que ha prevalecido a lo largo de todo tipo de épocas y transiciones. ¿Qué hubiese escrito Shakespeare en el siglo XXI? Quizás ya lo ha escrito.

Fuentes
- ALEXANDER, Catherine. Shakespeare and Politics (Cambridge University Press, 2004)
- BLOOM, H. Shakespeare Through the Ages (Chelsea House Pub, 2007) (Book serie)
- LYNCH, J. Becoming Shakespeare: The Unlikely Afterlife That Turned a Provincial Playwright
into the Bard (Walker & Company, 2009)
- LYNCH, J. The Politics of Shakespeare, the Shakespeare of Politics (English Speaking Union of
Monmouth County, 2008)
- MONTROSE, L. The Purpose of Playing: Shakespeare and the Cultural Politics of the Elizabethan
Theatre (London, 1996)
- THORPE, V. Shakespeare was a political rebel who wrote in code, claims author (The Guardian,
2005)
- WOO, Celest. Communal Heritage vs. Crucible of Honor: The Function of Audience in Olivier's
& Branagh's Henry V (participations.org)
- ZOLFAGHARKHANIi, M. and HESHMATIFAR, Z. Pedagogical and Colonial Power Discourses
in William Shakespeare’s The Tempest (2012)
- Shakespeare On Line – Study Tools (Britain in Print)

- Shakespeare en la imaginación contemporánea (UNED)

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Loki: el dictador que quiso ser líder



"Todo villano es un héroe en su propia mente". Esta afirmación de Tom Hiddleston, el actor que interpreta a Loki, define perfectamente la psique del villano de las dos películas de Thor y la primera de Los Vengadores. En esta última se presentaba como el libertador de los habitantes de la Tierra. ¿De qué quería liberarlos? De la libertad.




"¡Arrodillaos ante mi! He dicho... ¡Arrodillaos! ¿Esto no os parece más sencillo, no es este vuestro estado natural?. Es la verdad tácita de la humanidad, que ansiáis la subyugación. El brillante señuelo de la libertad reduce vuestra alegría de vivir a una loca búsqueda de poder, de identidad. Fuisteis creados para ser gobernados. Al final siempre os arrodillaréis".

No es Loki el primero (ni el último) en intentar convencer a la población de que tiene un problema y le necesita. Quizás sí es el que más claramente expone contra qué se enfrenta: la libertad, ni más ni menos. ¿Demonizar la libertad? Parece imposible. Casi lo es. Pero se acerca bastante al paternalismo que predican por norma los dictadores, convenciendo al Pueblo de que dependen de él para salvarse. Hay muchos ejemplos más y menos recientes, pero en la propia escena vemos una clarísima referencia cuando alguien se levanta y responde:
- No ante hombres como tú
- No hay hombres como yo
- Siempre hay hombres como tú

Teniendo en cuenta que esta secuencia tiene lugar en Alemania, no parece difícil identificar el símil. Además, dado que quién se pone en pie y pronuncia estas palabras es un anciano, podemos entender que probablemente lo ha vivido en propia piel. Puede que este acto haya sido inspirado por August Landmesser, que se cruzó de brazos en el saludo a Hitler durante la visita del dictador a los astilleros de Hamburgo.


Aunque este alemán no tuvo tanta suerte como el de la película, no hubo Capitán América que le salvase de verse obligado a luchar por algo en lo que no creía.

¿Por qué Loki busca sembrar el terror para someter a la población? Puede se hubiese leído El Príncipe de Maquiavelo y pensaba que era mejor ser temido que amado. O quizás no. Quizás era su única opción (o así lo creía) pero no su deseo. Porque el asgardiano de adopción quería ser amado desde sus inicios. Recordemos que nació como gigante de hielo y que fue abandonado al final de la guerra entre Jotumheim y Asgard y rescatado por Odin, quien se apiadó de él... Aunque tenía otros intereses. El "Padre de Todos" consideró que criar a un gigante de hielo según los valores asgardianos le serviría en un futuro para alcanzar una paz duradera entre ambos reinos. Pero el bebé Loki vió en Odin alguien a quién querer y por agradarle cambió su forma, transformándose en asgardiano (entendemos así que el poder de transformarse en quién quiera es innato).





Este bebé crece como asgardiano y no recuerda sus orígenes hasta un incidente en Jotumheim en el que su piel se vuelve azulada al entrar en contacto con un gigante de hielo. Es entonces cuando pide explicaciones a Odín y descubre el por qué del trato preferencial a Thor: él no era el primogénito, era el único heredero. Loki entiende entonces que había vivido en una mentira, que su envidia a Thor estaba fundamentada porque no jugaban en igualdad de condiciones y que el padre cuya aprobación buscaba constantemente no solo no era su verdadero padre, sino que lo había acogido como puente entre ambos reinos, quizás incluso con ambiciones unificadoras, ya que en realidad era hijo de Laufey, el rey de Jotumheim. 
Pero el corazón tiene razones que la razón no entiende y en el fondo Loki sigue necesitando la aprobación de Odín y por eso engaña a Laufey para matarlo y se enfrenta (arrastrando a Thor, con quién ya tenía enormes problemas por aquel entonces) a los gigantes de hielo. Cuando el puente que une Asgard con los demás reinos se rompe por culpa de Thor y Odín acude a salvarlos, Loki solo dice "padre, lo he hecho por ti", buscando su aprecio una vez más. Pero su padre adoptivo le dice "no, Loki" y este se deja caer hacia el vacío, no solo físicamente (ya sabemos que sobrevive sin problemas), sino también emocionalmente. Nunca volverá a ser el mismo.  


Hiddleston describe la evolución de Loki a lo largo de las tres películas: Si en Thor resulta un príncipe destronado, en Los Vengadores es un psicópata encantador y en Thor: El mundo oscuro encarna al antihéroe.

Su fase de psicópata ha generado diversas teorías. Mucha gente afirma que realmente durante la película de Los Vengadores Loki no era tanto un villano como un emisario del verdadero enemigo supremo, Thanos. No solo esto, sino que defienden que estaba tan hipnotizado como lo están Ojo de Halcón y Selvig más adelante. Sus argumentos van desde la idea de que él nunca tuvo ningún interés en gobernar la Tierra (o Midgard como la llaman los asgardianos) hasta lecturas entre lineas de sus frases (por ejemplo, los símiles de la bota que aplasta a la hormiga), pasando por un análisis exhaustivo del color de sus ojos, ya que son verdes por definición pero parecen azules (como sucede a los que son hechizados por él mismo más adelante):



Según los defensores de esta teoría, Loki solo era un instrumento de Thanos para su demostración de fuerza hacia la Tierra y en ocasiones se da cuenta de lo que ha hecho y se muestra arrepentido. Todo esto se adereza con detalles acerca del "cetro" que porta y que parece aumentar su agresividad o se especula que realmente quería fracasar para volver a Asgard e infiltrarse para robar el Guantelete del Infinito.

Lo cierto es que sí hay cosas que no parecen encajar, como por qué Loki se deja atrapar por S.H.I.E.L.D y aparentemente descubre su presunto plan de utilizar a Hulk contra ellos, por ejemplo. Él es más listo que eso. También es verdad que las motivaciones del personaje nunca fueron conquistar y devastar la Tierra sino que su ira iba siempre dirigida hacia Thor y Odín. Pero no creo que haya que ir tan lejos necesariamente. Para manipular a Loki, un alma rota por los acontecimientos descritos en Thor, no hacían falta ni hipnosis ni magia. Una persona herida y con carencias se aferrará al poder, del tipo que sea. Se trata de una cuestión de transferencia: se le ofrece gobernar a una raza entera y él lo toma como compensación por no haber podido dominar su pequeño mundo. Detrás de cualquier regimen absolutista como el que él parecía pretender implantar (justificándose ante Thor afirmando que los humanos se destruían entre ellos y que si él los gobernaba la locura terminaría) hay una persona que se autolegitima por medio de la fuerza (bélica y / o psicológica) pero que en realidad ha perdido todo dominio de sí mismo y, por tanto, solo la represión y el terror le proporcionan la sensación de control.



Pero Loki no es un dictador, o, al menos, no pretendía serlo. Él quería ser algo muy distinto: un líder. Como Thor. Siempre le ha echado en cara que ha vivido a la sombra de su grandeza, era a él a quiénes todos alababan y sus hazañas las que se celebraban. El impetuoso y temerario Thor movía masas mientras que él, más reflexivo y cerebral, estaba siempre en un segundo plano. Lo que comenzó como una envidia y rivalidad casi normal entre hermanos se convirtió en odio visceral al saber que Thor no le había arrebatado lo que era suyo, ya que él no tenía nada.
Un dictador es un líder por la fuerza. No era lo que Loki quería, pero era lo único a lo que creía poder aspirar. Puede que ni siquiera eso, ya que, tal como el agente Coulson le dijo, ni él mismo confiaba en ganar la batalla. Siempre fue un perdedor ante sus propios ojos y cuando no hay manera de ganar, solo queda la opción de saltarse las normas. Así nace un antihéroe.  








lunes, 1 de septiembre de 2014

De poder y (super)poderes


Tendemos a considerar los cómics y películas de superhéroes como puro entretenimiento. Unos tíos que pueden volar o son muy fuertes o tienen algún accesorio mágico y salvan el mundo. Pero son algo más, son mitología moderna. Y todo mito está basado en la psicología humana de alguna forma aunque luego se le añada la capa fantástica. Los protagonistas de estas historias tienen un lado humano difícil de separar del “mágico”, ya que a la hora de tomar decisiones es el cerebro y no el superpoder el que elige. Esto pasa en la vida real cada día: la gente con poder (sin “súper”) tiene un peso específico sobre cómo gira el mundo: no se trata de salvarlo, sino de no destruírlo. Y sí, los ciudadanos dependen de muchos no-siempre-héroes. Como se dijo a Spiderman (que no será analizado en esta tanda), “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”... No es casual que esa frase estuviese incluida en el último discurso que dio Roosvelt antes de fallecer:

"Hoy hemos aprendido en la agonía de la guerra que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Ya no podemos escapar de las consecuencias de la agresión alemana y japonesa del mismo modo que podríamos evitar las consecuencias de los ataques de los corsarios berberiscos un siglo y medio antes.

Nosotros, como estadounidenses, no elegimos negar nuestra responsabilidad."

Puede que necesitemos estos mitos modernos (comparados con los clásicos) para que no se nos olvide la lección.



NOTA: los personajes y acciones analizados son algunos de los de la saga cinematográfica de MARVEL; estos están, obviamente, muy fundamentados en los cómics pero aquí me centraré específicamente en los sucesos que se ven en las películas. Queda fuera de esta entrada el villano, Loki, el cual, por su complejidad, será descrito en la próxima.


Iron Man




No tengo madera de héroe, claramente. Tengo una larga lista de defectos y he cometido errores... muchos en público”

La historia de Tony Stark es la historia de una redención...parcial. El “genio, millonario, playboy y filántropo” (según su propia descripción) probó su propia medicina; fue una de sus armas la que le hirió en una emboscada cuando se hallaba en una misión en Afganistán demostrando cómo funcionaba su nuevo misil. Los fragmentos de metralla amenazaban con llegar a su corazón y fue necesario un electroimán construído por su compañero en el cautiverio para evitar su muerte. Sin embargo, lo que no nos mata nos hace más fuertes: lo que no mató a Stark lo hizo de hierro (en realidad de una aleación de oro y titanio pero el la imagen de “hombre de hierro” resultaba más evocativa, tal como él mismo expresaba, otorgándole una imagen de marca que vende mucho mediáticamente). La armadura fue construída para escapar del secuestro siendo la fuente de energía el electroimán que protegía su corazón. Una vez libre (aunque perdiendo a su compañero), Tony decide no seguir fabricando armas y poco a poco empieza a concienciarse de que con su “poder” puede proteger al mundo...de esas armas que él vendió. Estaríamos ante un caso típico de crear problemas para crear soluciones, pero involuntariamente. La redención pasa por salvar a los demás de las consecuencias de sus propios actos pasados, los cuales, no obstante, justifica escudándose en que el mundo precisa de material bélico (“cuando no sean necesarias haré ladrillos para hospitales”).
Su singularidad se basa en que en ningún momento niega los errores que ha cometido, ni siquiera oculta su identidad, algo muy peculiar ya que la mayoría de los súperhéroes lo hace. Sus declaraciones a los medios son algo excepcional y su forma de comunicar es directa y personal, lo cual lo diferencia de los héroes anónimos. Pero en su sinceridad y actitud abierta tienen gran peso el ego de Stark (que no querría de ninguna forma vivir en el anonimato), ese mismo que aparentemente le imposibilita para trabajar en equipo, por eso se le apartó en un principio de la “Iniciativa Vengadores”:


Sin embargo, como podemos ver en Los Vengadores, finalmente sí forma parte del grupo y, pese a problemas iniciales, demuestra que sí tiene capacidad de colaboración y puede ser una pieza importante en el equipo (aunque, tal como explica Robert Downey Jr., Tony disfruta más cuando él es el centro de atención). No obstante, seguirá cometiendo errores, a veces causados por su exceso de confianza y mantiene una relación compleja con su alter-ego, como si su yo público y su yo privado entrasen en conflicto al relacionarse con el mundo. Y en el punto en el que han dejado la historia, parece que Stark comienza una nueva etapa de aceptación: “Mi armadura no era un pasatiempo o una distracción. Era un capullo. Y ahora soy un hombre nuevo. Podrán arrebatarme mi casa, mis trucos y juguetes pero no me quitarán lo que soy. Yo soy Iron Man.”


Capitán América

Sé que estoy pidiendo mucho. Pero el precio de la libertad es alto. Siempre lo ha sido. Y es un precio que estoy dispuesto a pagar. Y si soy el único, entonces que así sea. Pero estoy dispuesto a apostar que no lo seré”



Un símbolo para la nación, un héroe para el mundo”. Steve Rogers es propaganda bélica y patriótica en estado puro. Pese a ser un soldado (literalmente creado a medida) que llevó a cambo operaciones contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial, antes de ir a Europa había estado de “gira” por Estados Unidos como personalización de los valores americanos, a fin de fomentar la compra de bonos para financiar la guerra. Tras completar varias misiones el Capitán “duerme” durante setenta años tras haberse congelado en el mar al evitar la destrucción de Nueva York, lo cual eleva su fama a la categoría de mito (ya en su tiempo era una leyenda viva, imagen del patriotismo y la lucha de los valientes soldados americanos contra el mal encarnado por los nazis alemanes, los villanos perfectos). Tal como expresa su reclutador, el Coronel Phillips, "las guerras se disputan con armas, pero se ganan con hombres". En este caso nos encontramos con un hombre que encarna los valores americanos, resultando en realidad más útil como producto que como soldado.



En su segunda etapa, desarrollada en la actualidad, como explica el actor Chris Evans, Rogers se siente aislado, habiéndose encontrado con un mundo que no comprende, que ha perdido los valores con los que él creció y sabiendo que probablemente todos sus conocidos han fallecido o tienen más de ochenta años. No obstante, Estados Unidos le necesita, aunque él se vea como un arquetipo desfasado. El agente de SHIELD, Phil Coulson, le explica que en tiempo de guerra, la población necesita un modelo “anticuado”, haciéndose así una nueva llamada al patriotismo personalizado. La leyenda le precede, pero es cierto que Steve posee un sentido del deber y la justicia destacable, capacidad de liderazgo y espíritu de sacrificio (su génesis se basa en ello, ya que se sometió al experimento que le convirtió en Capitán América sin saber realmente cuáles serían sus efectos y consciente de que conllevaba riesgos), valores que se pretenden fomentar en los ciudadanos de ambas épocas, lo cual convierte a Rogers en el modelo a seguir, trasladándose así el mensaje de que todos pueden ser héroes si se comportan como tales.

Hulk

Pueden llamarte lo que quieran. Salvador. Destructor. Lo único que importa es lo que eliges”


Bruce Banner vive en una guerra constante consigo mismo. Debido a un accidente por radiacción gamma, solo hace falta una perturbación en su ánimo para convertirle en Hulk, un enorme monstruo verde de fuerza desmesurada capaz de destrozar una ciudad con un par de pisadas. Banner es consciente de que supone un peligro para la humanidad y trata constantemente de librarse de la parte monstruosa de su ser, aislándose en distintos lugares, tratando de eliminar el estrés, trabajando técnicas de relajación... Incluso en un momento de desesperación decide suicidarse, pero Hulk aparece y escupe la bala que Bruce se había disparado. No hay manera de librarse de él...de sí mismo.



Pero Hulk no solo habita en su cuerpo, sino también en su mente. Puede ser un enemigo...o su mejor arma. Es una cuestión de decisiones. Mark Ruffalo, que interpreta a Banner / Hulk en Los Vengadores, explica que el científico había decidido aislarse y no le gusta volver a la escena en un principio, pero resulta que al final el monstruo no es tan irracional; Banner aprende a controlarlo, a convertirse en él a voluntad y utilizar su fuerza para salvar al mundo y no para destruirlo. No obstante, esto requiere una voluntad y un temple que no todo el mundo posee. Como sabemos, el poder corrompe. Poder y fuerza prácticamente ilimitados pueden ser la perdición de una persona y del mundo que la rodea. El poder político es muy fácilmente relacionable (no hace falta ser un gigante verde para destruir la vida en una ciudad, de una forma metafórica), ser consciente de las posibilidades implica buscar un fin para ellas y sin autocontrol, todo el mundo es un monstruo en su campo. Mucha gente tiene el potencial de cambiar el mundo, es su decisión si mejorarlo o empeorarlo.


La Viuda Negra

Mis cuentas estan en rojo, y quiero saldar mi deuda”


La vida de Natasha Romanoff también es otra historia de redención. La espía y asesina soviética se convierte en el blanco de S.H.I.E.L.D., quiénes envían a Clint Barton (Ojo de Halcón) a matarla. Sin embargo, finalmente él le perdona la vida y Natasha comienza a trabajar para la organización.
Al igual que Stark y Hulk, ella pone sus habilidades (es experta en artes marciales y muy eficaz realizando interrogatorios) al servicio del bien con la intención de redimirse y pagar su “deuda” con Barton. No obstante, tal como señala Loki, eso será prácticamente imposible... La Viuda Negra tiene un gran historial de destrucción y, según Scarlett Johansson, una relación de amor-odio con prácticamente toda la gente a quién conoce. Pero ¿no es acaso posible lavar la imagen pública de alguien? Requiere tiempo y una gran cantidad de “buenas obras” que contrarresten los errores, pudiéndose acelerar el proceso conforme la magnitud de las acciones; salvar Nueva York de un ataque terrorista / extraterrestre ayuda bastante pero no todo el mundo puede hacer eso una mañana cualquiera... Una verdadera campaña para mejorar la percepción que se genera en la opinión pública necesitará mucha planificación y paciencia, pero por suerte no se suelen arriesgar vidas en ello.


Ojo de Halcón

¿Alguna vez te han robado el cerebro y han jugado con el?... ¿te han sacado a ti y han metido otra cosa?”


Clint Barton es un arquero entrenado en tácticas militares. No posee superpoderes pero es un gran tirador y un luchador muy ágil. Sin embargo, pese a su buen estado físico, es su mente la que le juega una mala pasada, ya que es hipnotizado por Loki y pasa un tiempo a su servicio, luchando contra su propia organización (S.H.I.E.L.D) y ayudando al villano en sus planes. Cuando Natasha lo “despierta”, dedica todas sus energias a reparar el daño causado y a derrotar a Loki y su ejército. Nos encontramos ante un nuevo caso de redención y compensación de daños, si bien Ojo de Halcón no cometió sus errores conscientemente, el daño fue real y debe ser neutralizado. El factor del arrepentimiento es muy grande en el caso de Barton (mayor que el de Tony Stark, por ejemplo, que parcialmente seguía justificando sus acciones) y su sentido del deber y la justicia le impide buscar excusas (su caso está más que justificado, tal como explica su intérprete, Jeremy Renner, barton estaba “vacío”, no era conciente de sí mismo en realidad): asume sus errores y procede a repararlos con todo su potencial sin derrochar energías en pretextos y evasivas.


Thor Odinson

No habrá un reino que proteger, si tienes miedo de actuar”



Thor es un dios y príncipe de Argard, el reino de Odín. Fue desterrado a la Tierra (Midgard) durante un tiempo para castigarle por su temeridad, ya que había resucitado una vieja guerra contra un reino vecino. Y es que toda su fuerza (y el poder de su martillo) los emplea en un principio para intentar ser un héroe de guerra como lo fuera su padre y habla constantemente de los monstruos que matará (los Gigantes de Hielo). Su atrevimiento le cuesta caro (cosa de la que se aprovecha silenciosamente su hermano adoptivo Loki, el cual es en realidad un Gigante de Hielo al que Odín rescató cuando era un bebé y criado como asgardiano). Pero el “niño petulante” como lo describe Chris Hemsworth, quién lo interpreta en toda la saga, acaba madurando. Thor aprende a ser humilde y a saber administrar su fuerza, a convertirse en un guerrero y protector y no basarse simplemente en la fuerza bruta. La historia real está llena de “héroes” que arriesgaron la vida de su población por hacer una demostración de poder por medio de la guerra. Thor es un reflejo del peligro de la ambición y la obsesión por mostrar superioridad (militarmente). Puede que las películas y los cómics sean ficción pero el alto precio de las imprudencias llevados a los extremos en forma de guerra como medio de declaración de superioridad es muy, muy real, desde el inicio de los tiempos y hasta nuestros días.


Queda claro que no es fácil ser héroe y que en la mayoría de los casos solo se llega a ello habiendo cometido errores; nadie exige que no haya equivocaciones (si se les perdonan a los superhéroes, ¿cómo se se le van a admitir a los mortales?), la cuestión es saber repararlos. Natasha Romanoff lo expresó claramente ante la amenaza de encarcelarlos: “nos necesitan. Sí, el mundo es un lugar vulnerable y sí, nosotros ayudamos a ello, pero también somos los más cualificados para defenderlo”. Y así es también en la vida real. No pedimos que alguien con una armadura o un escudo “mágico” nos salve, ni tememos que un monstruo verde arrase nuestra ciudad. Si los problemas son terrenales, las soluciones también lo serán, razón suficiente como para llevarlas a cabo y no destruir el mundo desde un despacho. El poder no trae la responsabilidad de regalo pero si bien este poder no es un derecho, el utilizarlo a favor de los ciudadanos sí es un deber. Y quién agarra este martillo debe ser digno de él.