jueves, 12 de julio de 2012

Requiem por una ilusión


Tengo 25 años. Estos días hace ocho que me llamaron para decirme que había sido admitida en la carrera que soñaba, periodismo. Empezaban para mí unos años llenos de experiencias y aprendizaje. Sabía que no iba a ser fácil, sabía que habría momentos mejores y peores, sabía que interiormente valdría la pena. Pero no sabía que, tres años después de haberme graduado, las noticias (con tintes de gris y negro principalmente bajo los trazos del pincel económico) las presenciaría desde fuera. Ni mis teclas las escriben ni mi voz las cuenta. Y como yo, miles de compañeros miran los toros desde la barrera (maldita metáfora, la cultura subjetiva, por no decir dudosa, no entiende de recortes; la información, sin embargo...), viendo como se rompen sus ilusiones, porque como la mayoría, y a la vez como ninguna, esta es una profesión de ilusión. La ilusión de investigar, de saber, de preguntar y responder. De comunicar. Quizás es que no estábamos hechos para dar tantas malas noticias y la vida nos está haciendo esperar a que lleguen las buenas, para que salgamos “en el aire” a gritarlas. Otra ilusión ésta, sí.

Basta de hablar del pasado. Hablemos del futuro. Dentro de unos meses cumpliré 26 años. Sin haber cotizado. Esto significa que mis prestaciones de Seguridad Social se acaban.
¿Cuántas décadas se ha luchado por un Estado del Bienestar? ¿No es la salud una de las bases de este sistema? Da igual el color político, atacar con recortes a los más débiles, a los enfermos, es caer más bajo de lo que nunca ha caído una democracia. Eso sí, económicamente rentable es un rato. Puedes cortarte con el ocio, con las marcas de la ropa o la comida...¿pero con la salud? ¿Quién va a escatimar en eso? Yo veo a nadie diciendo “no, este mes no me compro las pastillas para la anemia, que tuve mucho gasto” (por poner un ejemplo “suave”). Nadie va a ahorrar en medicinas, y las farmacéuticas encantadas. Y los impuestos, al alza. Y, por supuesto, el IVA es el rey. Fomentar el consumo para salir de la crisis, ¿qué es eso? Quizás es una manera de suplir las carencias que ya tenía y las nuevas que tendrá la recortada Educación. Un curso de economía gratis (nunca tanta gente supo lo que eran el déficit y la prima de riesgo) y entrenamiento diario para llegar ya no a fin de mes, sino al fin de semana. Esos días en los que se debía descansar y disfrutar del ocio que habíamos aplazado por causa del trabajo ya se han ido. Para muchos, por carecer de días laborables. Para otros, por no poder dormir tranquilos por si la próxima subida de la luz les desequilibra el delicado balance en que se ha convertido la economía doméstica.
Puede que los corruptos hayan robado, puede que los bancos se hayan llevado lo suyo, puede que haya sueldos injustos... Pero el peor robo de todos fue el de algo que ni mil cajas fuertes podían proteger: la ilusión y los sueños de miles de ciudadanos. Y no hay comisaría para denunciar, solo calles y plazas para seguir gritando por un sueño. Por nuestro sueño.  



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